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¿QUO VADIS CIUDAD HISTÓRICA DE JAEN?

Los centros históricos de las ciudades representan lo mejor de nuestra tradición y herencia urbana. Espacios compactos que facilitan las actividades cotidianas, con diversidad de usos y funciones: comerciales, administrativas, residenciales o de ocio. Lugares de mestizaje, encuentro de personas de distintas clases sociales, lugares también para la protesta y la reivindicación.

Sin embargo con la imposición de la economía globalizada y el predomino de los grupos financieros-inmobiliarios, las políticas urbanas aplicadas en nuestro país a los conjuntos históricos están dirigidos a eliminar su carácter de espacio social y su conversión en nuevos espacios de renta, donde se busca la obtención de beneficios económicos lo más rápido posible, provocando la expulsión de los grupos sociales más desfavorecidos. Los promotores, propietarios y entidades financieras con la connivencia de las Administraciones se apropian de estos espacios para sus intereses, precisamente por su valor simbólico y de prestigio. Estos grupos económicos están desertizando los espacios históricos, al convertirlos en lugares exclusivamente destinados al consumo, el ocio y el turismo, con sus consecuencias que ya apreciamos en muchas ciudades históricas de encarecimiento de la vivienda y del alquiler, la eliminación del comercio de proximidad, los ruidos y molestias de topo tipo que hacen imposible la vida cotidiana.

Cuál es la realidad y que cambios se están produciendo en el espacio de la ciudad histórica de Jaén? Aquí en las últimas décadas se ha llevado a cabo una estrategia deliberada de vaciamiento y destrucción de este espacio, con la desaparición de una parte importante del patrimonio edificado, que obedece a varias causas.

Por un lado, a la expansión inmobiliaria de la ciudad hacia el norte muy por encima de la necesidades reales y del crecimiento demográfico de la ciudad, (entre 2002 y 2011 la población de Jaén aumentó en 3.860 habitantes y se construyó vivienda para albergar a 20.400 personas según datos del INE) que animaba a la gente joven a establecerse en las zonas de expansión.

Por otro, al proceso depredador de abandono y marginación de estos barrios históricos, con la falta de inversiones en equipamientos y servicios y el deterioro de numerosas viviendas. Una dinámica de abandono- ruina-demolición muchas veces intencionada de propietarios y promotores, con el objetivo de la posterior agrupación de parcelas rompiendo el parcelario histórico, para construir viviendas de mayor rentabilidad, tipo residenciales, proceso que se frenó con la crisis inmobiliaria de 2007 y que deja ese panorama bélico de solares abandonados por todos lados. Sin duda, el ejemplo más impactante por su tamaño y situación, es el solar de la Plaza Santiago, donde un promotor adquirió numerosas viviendas para derribarlas y construir un gran residencial, y al final la quiebra de este promotor hizo que todo el solar terminará en manos del Sareb.

La ciudad histórica de Jaén, fue declarada Conjunto Histórico en el año 1973, e inscrita como Bien de Interés Cultural en el Catalogo General del Patrimonio Histórico Andaluz. El ámbito de esta declaración se amplía en el año 2011. El objetivo de esta declaración era establecer una normativa específica para la conservación y mejora de este espacio y de sus valores patrimoniales. Por ello se aprueba por el Ayuntamiento de Jaén en 1996 un Plan Especial de Protección y Reforma Interior que incluye un Catálogo de edificios a proteger, Catalogo que también se incluye en el nuevo PGOU de 2016. La realidad hoy, pese a esta normativa, es desoladora , de desintegración patrimonial y de deterioro social y económico.

Como apuntan algunos urbanistas, la razón de esta situación es que la lógica del modelo urbano dominante en nuestro país no obedece a consideraciones culturales o sociales, si no a motivaciones económicas y de obtención de rentas. De tal forma que un edificio de un Conjunto Histórico se mantiene si es funcional a dicho modelo, y si lo entorpece por mucho valor que tenga no sobrevivirá y será sustituido o convertido en solar. Incluso se constata que los Catálogos de protección son más efectivos para eliminar que para conservar el patrimonio histórico heredado (1). Esta lógica económica es la que explica la destrucción de edificios y pérdida de la riqueza patrimonial de nuestro casco histórico. En el pasado se destruyeron edificios aislados cualificados como el cine Cervantes, y también manzanas enteras para la apertura de la calle Doctor Eduardo Arroyo, y hoy vemos numerosos edificios representativos de la arquitectura de la ciudad que se condenan, ante la pasividad de la Administración, a la ruina y la demolición.

Es cierto que en ocasiones vemos casos de recuperación patrimonial, pero se trata de supuestas rehabilitaciones que se reducen a la conservación de las fachadas de los antiguos edificios. Se cambia la configuración interna de los edificios para convertirlos en tipologías de mayor rentabilidad: apartamentos, estudios de profesionales o locales de negocios. Esta recuperación patrimonial no obedece a razones culturales, sino al objetivo de aprovechar el valor cultural para obtener mayor rentabilidad. Ejemplos hay muchos, en este momento podemos señalar algunos, como al edificio modernista de la Casa del Reloj, con una protección estructural en el PGOU, por ser una pieza emblemática del tejido urbano, que se ha vaciado completamente en su interior, o como el edificio de arquitectura ecléctica de Luis Berges en la calle Cerón nº 6, pese a que el PEPRI señala como únicas actuaciones permitidas las de conservación y mantenimiento, y ello por no citar la práctica demolición del Palacio del Vizconde de los Villares.

En la actualidad nuestra ciudad histórica vive procesos aparentemente contradictorios, donde conviven actuaciones de “renovación” urbana impulsadas por el Ayuntamiento y sectores inmobiliarios, con la marginación y la pobreza más absoluta. Pero ambas realidades, desde nuestro punto de vista responden al mismo modelo urbano.

Por un lado, hay una reordenación de una parte del centro histórico, la que aún conserva centralidad urbana, desde el eje que va desde la Catedral hasta el Paseo de la Estación, Los Jardinillos y San Ildefonso al que se quiere transformar en un lugar destinado al consumo y los sectores terciarios, especialmente la hostelería. A este objetivo responde la peatonalización del centro, la reforma de los espacios públicos para expulsar a la gente, la modificación del PEPRI para permitir el cambio de uso en edificios históricos del tradicional residencial a otros terciarios más lucrativos, la programación de actividades culturales o deportivas como World Padel Tour en busca de una marca atractiva para atraer inversiones, o algunas operaciones inmobiliarias residenciales exclusivas y de “elite” como la del antiguo solar de “Simago”. Hay una apuesta clara aquí por la privatización de los espacios públicos, una gran pérdida de vida ciudadana y colectiva, como se ha podido ver en la Plaza Deán Mazas, donde se eliminan espacios identitarios asociados a la memoria colectiva, para ser ocupados por veladores y terrazas.

Por otro, vemos la realidad de abandono y deterioro a todos los niveles de las zonas y barrios más al este de la ciudad histórica: la Merced, San Juan, la Magdalena, La Puerta de Martos. Espacios que han perdido centralidad y hoy son periferia urbana, territorio de la pobreza. Esta es una realidad consentida y buscada, y como se constatado en otras muchas ciudades, puede ser esta una situación transitoria, un “compas de espera”.

Precisamente por ser la ciudad heredada, por sus monumentos, su entono y su paisaje, es un espacio óptimo para futuras operaciones urbanísticas de regeneración en busca de rentabilidad, y que bajo la excusa del saneamiento o limpieza del lugar puede ser objeto de apropiación por sectores inmobiliarios. Esto ya se ha producido en otros muchos lugares, como en el Cabanyal en Valencia, y se ha descrito por estudios rigurosos. Es lo que se ha denominado “la destrucción creativa de las ciudades” (2). El abandono y estigmatización de barrios históricos son las primeras fases del proceso de gentrificación que hoy sufren muchas ciudades.

Aquí en Jaén hay miles de metros cuadrados de solares y cientos de viviendas en ruina a precio de saldo, para futuras operaciones urbanísticas y cambios funcionales y sociales. Ya sabemos que fondos buitre las están adquiriendo ya, y que tarde o temprano querrán hacer negocio rentabilizando esa inversión y no precisamente construyendo vivienda social o mejorando equipamientos. En esa línea el mismo Alcalde promete actuaciones de embellecimiento para el turismo y dijo que el futuro de estos barrios esta en buscar inversores privados. Ya sabemos lo que viene después…

Pese a toda esta situación, el casco histórico de Jaén aun resiste, entre el acoso inmobiliario y sus ruinas, hay personas y colectivos que se resisten a abandonar, a claudicar en beneficio del interés privado. Si desaparecen estos barrios desaparece una cultura, una forma de entender la ciudad, la urbanidad. El mayor valor de la ciudad histórica no está en sus monumentos sino la cultura popular, los contrastes sociales existentes, la diversidad que destierra lo uniforme.

La recuperación y el futuro de la ciudad histórica de Jaén, no está en convertirla en un espacio exclusivo destinado al consumo del pasado, no pasa por recuperar este o aquel monumento singular. Se trata de mantenerlo como un espacio social vivo, un espacio habitado por clases populares, con inversiones públicas que mejoren las condiciones de vida en estos barrios, en equipamientos, servicios públicos, rehabilitación de viviendas y empleo. Esto solo será posible si conseguimos imponer un nuevo modelo de ciudad alternativo, otra forma de construir el territorio de la ciudad, pensado para las personas y no para el negocio de unos pocos.

Jaén, octubre 2018. Miguel Quesada.

(1) Las prácticas de la conservación patrimonial, como inductoras de la degradación, el abandono y la ruina. Alfonso Álvarez Mora. Universidad de Valladolid.
(2) Daniel Sorando y Álvaro Ardura. “First We Take Manhattan. La destrucción creativa de las Ciudades”. Los Libros de la Catarata. 2016.